http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i1.206012
CARTA
DEL PRESIDENTE DE LA SAC
Discurso del acto
académico 2023
Dr. Claudio Majul
Presidente de la Sociedad Argentina de
Cardiología
Autoridades de: Academia Nacional de Medicina, Sociedad Argentina
de Cardiología, Fundación Cardiológica Argentina, Revista
Argentina de Cardiología, Colegas, familia, amigos.
Hoy, asumo la presidencia de la Sociedad Argentina de
Cardiología (SAC), enorme responsabilidad que confió a cabo
satisfactoriamente.
Agradezco esta oportunidad, a todos los que me apoyaron para
desempeñar esta difícil pero honorable tarea, y me propongo no
defraudarlos.
Les contaré una breve historia sobre mis orígenes,
que ayudará a que comprendan el honor y la alegría que me invaden
al asumir este cargo.
Mis raíces son muy humildes. Mi abuelo, inmigrante sirio,
empezó a obtener su sustento vendiendo “beines
beinetas” y termino quemando basura en la quema de la
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Quizás por eso, mi abuelo,
aun con su mala pronunciación, cantaba “la marchita”.
Mis padres, Zulema y Enrique, no tuvieron otra oportunidad que
vivir en la casa tipo chorizo en el barrio de Boedo
junto a mis abuelos. Ahí nació mi hermana Victoria,
después el que suscribe; cada familia tenía solo una
habitación.
Mi escolaridad se caracterizó por un pésimo comportamiento,
con nula aplicación para el estudio. Con mis entrañables amigos
de entonces, Tito, Rubén y veinte más, solo queríamos
jugar a la pelota y como vivíamos a solo cinco cuadras del Club de San
Lorenzo, ejercíamos con ansias la función de trapito cuando
jugaba “El Ciclón”.
Actualmente, admiro el gran esfuerzo y la nutrida
argumentación que esgrimía mi viejo, para lograr que mi actitud
cambiara.
Mi padre clasificaba cartas en el correo Central, y después
ingresó como cobrador de una empresa de cosméticos. Solía
insistirme sobre concurrir al club San Lorenzo para realizar actividades
diferentes y más productivas que a las que me dedicaba entonces. Finalmente,
le hice caso y elegí judo, práctica que tenía la gran
ventaja de poder aprender a pelear, lo cual ansiaba en esa época,
especialmente ganarles a los más grandes.
En esa etapa, aparte de practicar judo conocí otros amigos
–Napia, Ovich, Rafa, Beto,
el Fasu, el Caru– y
mágicamente empecé a estudiar, y logré pertenecer al
cuadro de honor en la secundaria. Ingresé a la facultad de medicina y
luego de graduarme, fui residente y jefe de residentes, en una
institución que se localizaba justo a la vuelta de este edificio, es
más, dependía de la Academia Nacional de Medicina, la
entrañable Fundación Pombo.
Mi tributo, por haber logrado mi carrera a mis viejos y a este
país que da la posibilidad de formarse a las clases emergentes.
Empecé en la SAC hace mucho tiempo con el curso bianual de
cardiología, y créanme, me asombró entonces ver esta
estructura. En 2000 inicie mi participación en el Consejo de
Hipertensión Arterial, (CAHTA) caracterizado en ese entonces por ser muy
selectivo, lo cual no resultaba bueno para muchos. Nos propusimos cambiarlo por
un consejo inclusivo, junto a Alejandro Delucchi,
Olga Páez, Pablo Rodríguez, Marquitos Marín, Laura Brandani y Diego Fernández. Mientras era director
del CAHTA, el Dr. Tajer me encargó un curso
internacional para la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre
manejo de hipertensión arterial en equipos de atención primaria.
Con esta tarea aprendimos mucho sobre el tiempo y la calidad de la
exposición en cursos virtuales, así como lograr la
conexión internacional.
Posteriormente, recuerdo y agradezco la generosidad de Guillermo Fábregues, que me ofreció entrar como
protesorero en la Mesa Directiva. Eran momentos económicamente
álgidos para nuestra sociedad, pero en esos dos años trabajamos
grupalmente para sanearla.
Siguió la propuesta de Miguel González y Ricardo Migliore para que coordinara el Área de Distritos y
llevar a cabo una reforma. Realizamos “la regionalización” junto a
Fabiana y Rodrigo, representada por jornadas en cada distrito rotativas, para
que cada región creara su propio programa y lograra sustentarse
individualmente; fue un éxito, hoy existen 10 jornadas.
Inmediatamente fui Coordinador de Áreas, durante un
año, y antes de finalizar esta función, mi amigo Héctor Deschle me ofreció el cargo de Coordinador General
del Congreso 2020, un enorme desafío.
Empezamos bien, y cuando apareció la COVID 19 nadie
creía en esa gripecita, así que continuamos con el programa del
Congreso. Lo terminamos entero para junio, pero debimos rehacerlo en su
totalidad ya que debió ser transformado en virtual.
Luego, fui elegido vicepresidente primero, confiaron en mí
los últimos doce expresidentes de la institución.
Todo el relato previo es en función de lo que deseo transmitirles:
la SAC no limita a nadie, cada individuo –esta fue mi experiencia– puede
conocer gente, cambiar estructuras, aprender y a la vez divertirse.
Los limites los tiene uno. La SAC es de los socios.
La
intención principal de nuestro equipo es continuar e impulsar el
Instituto Universitario como eje de la educación médica,
fortalecer los consejos, columna vertebral de nuestra estructura, y los
distritos, que hoy en día son 35, el ultimo creado este año, el
de Santa Fe. Hace unos años la participación de los distritos en
el Congreso anual era del 9 %; es en la actualidad del 30%. El secretario
técnico del Congreso desde hace 3 años es de los distritos, al
igual que el director del curso insignia, PROSAC, que es oriundo de La Rioja.
La
concepción y el lema que nos caracteriza es de una SAC inclusiva y de
puertas abiertas.
Estamos
creando un fondo para solventar investigación propia.
Es
nuestra obsesión la mayor participación de profesionales
jóvenes, proyectamos una SAC futura a 10 años.
También
somos conscientes de que la relación con las sociedades de otros
países y del nuestro es un ida y vuelta, por lo cual la propuesta es
afianzar estas relaciones, pero estar atentos a la reciprocidad.
Otro
objetivo pendiente es mejorar nuestras condiciones de trabajo interactuando
con el colegio de Cardiólogos y dando apertura a las políticas de
salud.
Además,
debemos mejorar la parte administrativa haciéndola más eficiente
y profesional.
Quiero
mencionar de manera especial a mis cinco hijos Yamila, Federico, Emiliano,
Sebastián y Julián por ser representantes del milagro de la vida.
Cuando los vi por primera vez mi corazón no tenía límites,
gracias por hacerme el aguante en esta profesión. También, por conocer
a Olga, y haberme llevado con su insistencia a no decaer, por su sagacidad,
así como por su apoyo incondicional y estar a mi lado para transitar
este camino que me llevó a la presidencia.
Finalmente,
quiero decir: Muchas gracias, espero tengamos un año
espectacular, saludar a la comisión que se va, los voy a
extrañar, especialmente a Héctor con el que trabajamos en la Mesa
Directiva de 2016, 2021 y 2022 y de quien aprendí muchas cosas, al igual
que de Alejandro Hershon el año anterior.
Me
despido también de Verónica Wolberg y
Héctor Santa María quienes participaron en forma excelente de
nuestro proyecto.
Agradecer
al personal de la Sociedad por su labor, y a Marina en particular por su
eficacia y dedicación.
Gracias,
y ojalá que ganemos el domingo.