Inmemoriam-Doval.jpg

 

Si muero hoy…

Desde mis comienzos, mi vida como médico transcurrió junto a Hernán Doval.

Pienso que enumerar todas las posiciones que ha ocupado, sus logros en la asistencia, la investigación, la docencia y la innovación médica es una muy buena forma para describirlo pero quizás un poco incompleta. Me resulta imposible ver su imagen en una fotografía con el fondo de una pared cubierta con diplomas, títulos, y certificados. No era su estilo.

Lamentablemente todos tenemos un destino inexorable, que como dice la voz popular, es lo único seguro en la vida.

Al intentar escribir estas líneas me surgió una pregunta: si muero hoy … ¿cómo me gustaría que me recuerden mis colegas?

Seguramente, que nadie dude de mi honestidad en las conductas médicas, y como dice la oración de Maimónides, que no exista la menor sombra de que estuvieron guiadas por la sed de lucro o la ambición de renombre.

Ser recordado como un formador de jóvenes cardiólogos y que con el tiempo puedan reconocerme como su maestro en la profesión.

Que hayan percibido la tenacidad y hasta a veces la obstinación en defender una idea y que sea convocado para tomar la última decisión para resolver un caso complejo.

Ser recordado como una persona capaz de ir en contra de la corriente y que pudo alejarse de la bandada para optar por una opinión diferente, original.

Prudente para analizar la numerosa información que va surgiendo más allá de las modas y las múltiples presiones a que estamos sometidos.

Que siempre mantenga vivo el entusiasmo ante el planteo de una idea de un médico joven y lo acompañe en sus proyectos.

Que promueva el concepto de que la duda es la pie- dra fundamental, no sólo en la Filosofía, sino también en la Medicina, y que plantearla y explorarla debe ser nuestro desafío cotidiano.

Que se recuerden los comentarios frecuentes sobre historia, política o literatura que más allá de la faz, si se quiere utilitaria, que permite acercarnos mejor al paciente, nos enriquecen, nos alejan de una función meramente técnica y nos acercan a ser una persona más completa.

Que el tema social y la medicina como una herramienta de equidad sean un punto de interés en las decisiones.

¿Cómo me gustaría que me recuerden los pacientes? Como una persona capaz de escucharlos, que genere confianza, que conozca sus intereses y que no duden que intentará resolverle sus problemas.

Estos párrafos están lejos de referirse a mi persona, pues carezco de varias de las condiciones que menciono, pero es cierto son mis deseos y mis metas, que en parte, debo reconocer, fueron un intento de imitar a Hernán, que es lo que uno hace con sus maestros.

El médico que despedimos cumplió con todos los requisitos que he mencionado y creo que quienes lo han conocido compartirán esta opinión. No tengo dudas que este listado, aunque sucinto, define su figura.

Fundamentalmente lo recordaremos como un maestro de la Medicina y uno de los fundadores de la que considero la escuela de Cardiología del Hospital Italiano de Buenos Aires.

César Belziti MTSAC