Escribir unas líneas en memoria del Dr. José Antonio “Cacho” Navia es, inevitablemente, evocar una parte fundamental de la historia de la cirugía cardíaca argentina.
Tras graduarse como médico y obtener el título de Doctor en Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, regresó a su querida ciudad de Mar del Plata para desarrollar su actividad profesional en cirugía general y torácica en el Hospital Marítimo. Desde sus primeros años mostró una sólida formación clínica, fruto de la influencia de su recordado maestro, el Dr. Manzino, del Hospital de Clínicas, quien contribuyó decisivamente a moldear su profunda empatía y su compromiso con el cuidado de los pacientes.
En 1970, fascinado por las innovadoras noticias sobre la cirugía de bypass coronario que llegaban desde la Cleveland Clinic, decidió postularse para realizar allí su formación en cirugía cardíaca. Fue aceptado en una de las instituciones más prestigiosas del mundo, en un momento histórico para el desarrollo de esta técnica. Tras dos años de intenso trabajo y aprendizaje, regresó al país con una formación de excelencia y se incorporó al equipo del Dr. René Favaloro, participando activamente en la consolidación de la cirugía de revascularización coronaria en Argentina y en la formación de una nueva generación de cirujanos cardiovasculares.
En 1990 asumió la jefatura del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Italiano de Buenos Aires. Esta etapa representó uno de los períodos más destacados de su trayectoria profesional, liderando uno de los programas de cirugía cardíaca más importantes de la Argentina y de Latinoamérica.
Su gestión dejó una huella profunda en la especialidad. Entre sus principales logros se destacan la creación del primer banco de homoinjertos valvulares aórticos del país, que permitió optimizar el tratamiento de pacientes jóvenes con endocarditis infecciosa; el fortalecimiento y expansión del programa de trasplante cardíaco, que culminó con la realización del primer trasplante cardiopulmonar en la Argentina; y la creación de un programa de asistencia circulatoria mecánica avanzada, mediante el cual fue posible tratar pacientes utilizando tecnología de última generación disponible a nivel mundial.
Fue un viajero infatigable, impulsado por una permanente inquietud intelectual y científica. Recorrió el mundo buscando conocimientos, innovaciones y avances que pudieran aplicarse en beneficio de los pacientes de nuestro país. Su activa participación en la comunidad cardiológica internacional contribuyó a posicionar y prestigiar a la cirugía cardíaca argentina en el ámbito global.
Se desempeñó como presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología en 1987 y del Colegio Argentino de Cirujanos Cardíacos en 1989, distinguiéndose siempre por su energía, capacidad de trabajo y compromiso con la docencia, la investigación y la formación de nuevas generaciones de especialistas.
La investigación y el desarrollo tecnológico constituyeron otra de sus grandes pasiones. Participó en el diseño y desarrollo de dispositivos de asistencia ventricular izquierda para pacientes con insuficiencia cardíaca terminal, así como de cánulas, catéteres específicos y prótesis valvulares biológicas sin stent para implantación mínimamente invasiva. Su último proyecto, en el que trabajó con entusiasmo hasta sus últimos días, fue un innovador dispositivo destinado a reducir el riesgo de accidente cerebrovascular durante procedimientos endovasculares.
En 2002 fue incorporado como Miembro Titular de la Academia Nacional de Medicina, institución que posteriormente llegó a presidir. Asimismo, integró numerosas sociedades científicas internacionales y fue Profesor e Investigador Visitante en prestigiosas universidades, entre ellas Purdue University (Indiana, Estados Unidos), University of California Irvine (Estados Unidos) y Juntendo University (Tokio, Japón).
Resulta difícil condensar en unas pocas líneas la magnitud de la trayectoria científica y humana de profesionales como él, que honran a nuestro país con una vida dedicada al conocimiento, la innovación y el servicio.
Tuve la inmensa fortuna de conocerlo de cerca desde muy pequeño. Lo admiré, lo tomé como ejemplo y encontré en él un modelo de excelencia profesional y humana. Repasar hoy sus innumerables logros genera una mezcla de tristeza por su partida y profunda admiración por la magnitud de su legado.
Fue mi mentor y también el de mi hermano José. Ambos intentamos seguir el camino que él trazó, inspirados por sus valores, su dedicación y su pasión por la medicina. Solía decirle, en tono de broma, que era “demasiado inteligente para ser cirujano cardíaco”; él respondía con una sonrisa. Vivía impulsando proyectos, promoviendo cambios y buscando desarrollar tecnologías de avanzada en un contexto que muchas veces parecía poco propicio para la innovación.
Fue un hombre sabio, observador, generoso y profundamente empático con sus pacientes. Recientemente, varios de sus colegas lo definieron con una frase tan simple como contundente: “qué gran cirujano y qué gran persona”. Probablemente no exista mejor síntesis para describir a alguien de su dimensión.
Querido “Cacho” Navia: a los hombres de tu talla no se los despide, se los recuerda y se los honra. Permanecerás vivo en la memoria de tus sobrinos cirujanos, de quienes tuvieron el privilegio de conocerte, en las generaciones de profesionales que formaste y en cada uno de los proyectos que impulsaste con visión y entusiasmo.
Tu contribución a la cirugía cardíaca argentina fue inmensa y perdurable. Tu legado seguirá inspirando a quienes continúen recorriendo el camino que ayudaste a construir.
Descansá en paz, querido “Cachito”.
Dr. Daniel Navia
