Señor Editor:
La investigación básica y clínica con enfoque traslacional ha sido históricamente una de las fortalezas de la medicina argentina, particularmente en el ámbito cardiovascular. Desde los trabajos fundacionales del Dr. Bernardo Houssay y sus discípulos los Dres. Eduardo Braun Menéndez y Juan Carlos Fasciolo sobre los mecanismos de la hipertensión arterial nefrógena, nuestro país consolidó un modelo en el que la investigación básica y la práctica clínica se retroalimentan.
Esta tradición encontró en los hospitales públicos un ámbito privilegiado para su desarrollo. En el Hospital Argerich, el grupo liderado por el Dr. Carlos Bertolasi contribuyó significativamente a la investigación clínica y fisiopatológica de la enfermedad coronaria, mientras que en el Hospital Ramos Mejía, los trabajos de los Dres. Mauricio Rosenbaum y Marcelo Elizari dieron origen a aportes fundamentales en electrofisiología, los cuales fueron reconocidos internacionalmente. Asimismo, esta integración entre investigación básica y clínica ha tenido continuidad en figuras como la Dra. Liliana Grinfeld, quien junto con el grupo liderado por el Dr. Ricardo Gelpi han reafirmado el valor del enfoque traslacional de la investigación científica.
Sin embargo, este recorrido histórico contrasta con la situación actual. El progresivo deterioro del financiamiento en ciencia y tecnología, junto con la ausencia de políticas sostenidas de promoción de la investigación biomédica, impacta directamente en la capacidad de los hospitales y universidades para generar conocimiento, formar recursos humanos y sostener grupos de trabajo competitivos.
En este contexto, resulta preocupante la creciente idea de que el Estado no debería desempeñar un rol central en el financiamiento de la ciencia y la tecnología. La experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario. Organismos como el National Institutes of Health (NIH) en Estados Unidos o las estructuras de investigación del National Health Service (NHS) en el Reino Unido muestran que el financiamiento público y la articulación entre hospitales, universidades y organismos científicos constituyen pilares fundamentales para el desarrollo biomédico. Los países desarrollados no han reducido la participación estatal en ciencia, sino que la han fortalecido como estrategia sanitaria y de desarrollo.
La relevancia de sostener hospitales con actividad académica y científica no es solamente conceptual. Un estudio publicado en JAMA en 2017, que analizó más de 21 millones de internaciones en Estados Unidos, demostró menor mortalidad ajustada a 30 días en hospitales universitarios y de docencia respecto de instituciones no docentes. Estos hallazgos sugieren que la integración entre asistencia, docencia e investigación no solo favorece la generación de conocimiento, sino que también mejora de manera directa la calidad de atención y la evolución de los pacientes. (Burke LG et al. Association Between Teaching Status and Mortality in US Hospitals. JAMA. 2017).
Frente a este escenario, resulta fundamental que las sociedades científicas, las universidades, los hospitales y las diferentes instituciones académicas y de investigación asuman un rol activo en la promoción y divulgación del valor estratégico de la ciencia biomédica y la investigación traslacional. Preservar la tradición científica argentina y el prestigio internacional alcanzado por generaciones de investigadores y médicos requiere no solo financiamiento adecuado, sino también un compromiso institucional sostenido para defender y transmitir la importancia de integrar asistencia, docencia e investigación como pilares inseparables de un sistema de salud moderno.
Recuperar y proyectar la tradición científica argentina constituye una necesidad estratégica. Fortalecer la investigación en hospitales públicos y universitarios, garantizar financiamiento adecuado y promover la articulación con el sistema científico no representan un gasto accesorio, sino una inversión indispensable para sostener una medicina de calidad y la capacidad del país de generar conocimiento original con impacto global. Debilitar el sistema científico no solo compromete la producción de conocimiento, sino también la capacidad futura de brindar una medicina cardiovascular de excelencia.
Saludo a usted atentamente.
