Un maestro es alguien a quien nos cuesta definir en simples palabras. Es un ser que da todo, que disfruta y se siente pleno al hacerlo. Un ser que acompaña siempre y celebra el éxito de sus alumnos, desde los más pequeños hasta los más grandes, incluso cuando ya extienden sus propias alas. Quién mejor para representarlo que el Profesor Doctor Eduardo Fernández Rostello, quien recientemente se fue físicamente de este mundo, pero cuyo legado permanecerá por siempre.
Tenía la sabiduría de hacer simple lo complejo. Explicaba en sus clases una transposición de grandes vasos, un ventrículo único o un síndrome de cimitarra y uno increíblemente lo reconocía en su práctica diaria. Le debemos frases célebres como: “Doctor, esa no es una aurícula grande, más bien es una auriculota”, o su insistente frase para motivarnos: "vamos doctor, usted puede"; y sus inolvidables graciosas descripciones: “Mire doctor, eso es un valvulón". Todo ello quedará por siempre en los recuerdos de los cientos de alumnos que pasaron por las aulas de la UBA, de la SAC, de la AMA, del Hospital Rivadavia, de cada lugar donde dejó lo mejor de si en sus clases magistrales.
Ocupó los cargos de más alta jerarquía en los espacios donde se desempeñó: Profesor Titular de la UBA, Doctor en medicina, director de un Hospital, director del Curso de actualización en ecocardiografía UBA SAC, presidente del Comité científico del Congreso de Imágenes SAC, director de la revista ECO-SAC, entre tantos cargos. Pero posiblemente todos lo recordaremos por su título por excelencia: “el mejor amigo”.
No podemos negar la profunda tristeza que sentimos al despedirlo físicamente. Su pérdida es irreparable. Pero su huella permanecerá entre todos los que lo conocimos, en su querida Sociedad Argentina de Cardiología, a la que tanto le brindó, y en la hermosa familia que construyó junto a su esposa.
Lo recordaremos por siempre y honraremos su memoria tratando de seguir sus pasos. ¡Hasta siempre, querido Eduardo!
“Cuando un amigo se va…” Nunca tan real y verdadero aquel verso de la canción de Alberto Cortés que continúa con …” deja un espacio vacío”.
Conocí al Dr. Eduardo Fernández Rostello en el ámbito de la SAC, fundamentalmente en el Consejo de Ecocardiografía y Doppler Cardíaco allá por fines de los 90. Tuve la suerte de compartir con él muchos momentos de nuestra vida profesional y algunos más de la vida cotidiana. Pero no quiero referirme a sus conocidos méritos y logros como profesional, sino a su perfil como ser humano y amigo. Un ser entrañable, afectuoso, respetuoso, con un gran sentido común y, fundamentalmente con un especial sentido del humor que acercaba aún más nuestra recíproca afinidad. Fue el eterno presentador de mis clases de Eco Normal del curso de la SAC durante muchos años y siempre terminábamos con una amigable y divertida broma o chiste que nos involucraba a ambos. Pese a no vernos frecuentemente por cuestiones laborales o de distancia, manteníamos una hermosa y cordial amistad cuyo hilo conductor siempre fue la medicina, la docencia y sin duda, el humor.
Es mi deseo recordar a Eduardo con esas características tan notables y valiosas de su personalidad. Una excelente persona, gran amigo, sólido profesional y un ser querido que permanecerá en mi memoria y, seguramente en la de muchos más. Mis respetuosos y cariñosos saludos a toda su familia.
Hoy nos queda un espacio vacío ¡Que descanses en paz, Eduardo!