La cardiopatía isquémica, particularmente el infarto agudo de miocardio, continúa siendo una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial. Si bien la enfermedad aterosclerótica constituye la etiología subyacente más frecuente, existen otras entidades menos prevalentes que también pueden desencadenar un síndrome coronario agudo (SCA). Entre ellas, la disección coronaria espontánea (DCE) representa una causa relevante, especialmente en determinados grupos poblacionales. (1)
Si bien la angiografía coronaria continúa siendo el método diagnóstico de referencia, el desarrollo y la creciente disponibilidad de técnicas de imagen intracoronaria, como la ecografía intravascular (IVUS) y la tomografía de coherencia óptica (OCT), han permitido mejorar significativamente la precisión diagnóstica y orientar de manera más adecuada el tratamiento. (2) No obstante, dado que estas modalidades de imagen intracoronaria no siempre se encuentran disponibles o no se utilizan de manera sistemática, la DCE continúa siendo una entidad potencialmente subdiagnosticada, con registros epidemiológicos heterogéneos. (3)
En nuestro país, hasta el momento no se disponía de registros multicéntricos que permitieran caracterizar adecuadamente esta patología, predominando en la literatura nacional los reportes aislados de casos clínicos. (4) En este contexto, el registro publicado por Rodríguez Arias y cols, constituye una iniciativa particularmente relevante, al tratarse del primer registro multicéntrico que incluye tanto centros públicos como privados. (5)
En concordancia con los registros internacionales, en esta cohorte se observa una mayor frecuencia de DCE en mujeres jóvenes, generalmente con escasos, o sin factores de riesgo cardiovascular tradicionales. Asimismo, la forma de presentación clínica más frecuente fue el SCA sin elevación del segmento ST, siendo la arteria descendente anterior el vaso más frecuentemente afectado.
En cuanto al tratamiento, la evidencia disponible sugiere que la estrategia terapéutica debe individualizarse según la presentación clínica y la anatomía coronaria. En la mayoría de los casos se recomienda una estrategia conservadora, reservándose la revascularización para situaciones específicas, como isquemia persistente, inestabilidad hemodinámica, arritmias ventriculares malignas o compromiso del tronco de la coronaria izquierda (TCI). En estos escenarios, la angioplastia coronaria percutánea constituye la principal estrategia de revascularización, mientras que la cirugía de revascularización miocárdica queda reservada para casos seleccionados, como la disección del TCI o enfermedad extensa multivaso. En concordancia con estas recomendaciones, en el Registro la mayoría de los casos fue manejado de forma conservadora, requiriendo angioplastia coronaria con implante de stent en el 46,1% de los casos.
Si bien se trata de un registro con un número limitado de pacientes, sus resultados son consistentes con los reportes internacionales y constituyen un punto de partida para continuar profundizando el conocimiento de esta patología en nuestro medio. Persisten aún múltiples interrogantes clínicos, particularmente en relación con la duración óptima de la doble antiagregación plaquetaria, el eventual rol de la anticoagulación, la indicación de estatinas y sus objetivos terapéuticos, así como las estrategias de seguimiento clínico e imagenológico y las recomendaciones respecto a la actividad física.
En conclusión, este trabajo representa una valiosa iniciativa para la cardiología clínica e intervencionista de nuestro país, que no solo permite contextualizar nuestra experiencia en relación con los registros internacionales, sino que también constituye un paso fundamental para continuar caracterizando una patología poco frecuente, aunque clínicamente relevante.
Consideraciones éticas
No aplica.
Declaración de conflicto de intereses
El autor declara no tener conflicto de intereses. (Véanse formularios de conflicto de intereses del autor en la Web)
